Cuenca de Leyendas y personajes

Las leyendas, mitos y tradiciones cuencanas, como el del Cura sin cabeza, nacen en el seno de la cultura popular; transmitidas vía oral; sus pasajes han sido corregidos, aumentados u omitidos, de acuerdo al encanto y carisma de sus narradores.

Estos personajes que se caracterizaban por ser estrafalarios no dudaban en poner en juego todas sus habilidades caso teatrales y su verbo suelto para captar más la atención de los más incautos, llegando en ocasiones a transformase ellos mismo en parte del cuento.

Muchos de estos hombres se encuentran en la memoria de los abuelos recordándolos con simpatía, como al famoso Taita Chazna- Cacho, cuyo apodo nacía de la palabreja quichua «chazna» que significaba así y «cacho» que equivalía a sea; es decir; «así sea», que era la frase a la que contestaba a cualquier pregunta.

No se quedaba atrás el Mocho Alfaro, ardiente admirador del General Eloy Alfaro y padrino de uno de sus vástagos, que en reconocimiento al Viejo Luchador durante el periodo revolucionario hacía un alto en las esquinas para gritar Viva Alfaro, Mueran los Frailes. Otro ilustre de la época era Luis Villavicencio, mejor conocido como «Atacocos», versado en cuestiones bíblicas, se paraba en la esquina de las actuales calle Larga y Benigno Malo para regalar a los transeúntes en Semana Santa su fina capacidad de orador con su Sermón de las Tres Horas.

Cuando el estiaje asota y las noches cuencanas se vuelven frías y oscuras, la luz de una vela alumbrará la imaginación de los niños bajo el macabro relato de sus padres, que incapaces de mentir contarán la pura verdad a cerca del Cura sin Cabeza, El Farol de la Viuda, los gagones o el Perro Encadenado.

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